ERASE UNA VEZ… UN MONSTRUO

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Esta historia se desarrolla en un lugar donde la gente vivía aparentemente feliz, con todo lo que podían desear casi al instante, con un solo click.

Este click hacía que existieran grandes empresas, cada vez más y más grandes. Se puso el cielo al servicio del click, y a los aviones como sus subordinados; hoy en un lugar, mañana a 6.000 kms…

El número de aviones y de automóviles era cada vez mayor, tenían que hacer espacio para ellos.

Los montes, bosques, praderas, fueron dejando su verde, para que se instalara el color gris.

La información fluía a toda velocidad. Se vivía deprisa. En las familias ya no se hablaba, todos estaban conectados a un dispositivo llamado móvil.

Hasta los niños disponían del suyo propio y si no, siempre había una pantalla encendida.

La gente comía, bebía, disfrutaba de la abundancia. Del consumo.

Todas las imperfecciones podían ser borradas con un simple “click”.

 

La otra cara de la moneda sin embargo, no era tan amable. La abundancia, llevaba cosida la pobreza y los desperdicios, los cuales, eran escondidos, o vertidos al mar.

La polución generada por los aviones y los automóviles, hacía que no se pudiera ver el azul del cielo durante el día, y el brillar de las estrellas por la noche.

Cada vez, existían menos animales.

La gente estaba sola. Todos estaban solos.

 

Entonces apareció un monstruo, de pequeñas dimensiones, pero gigante en número de efectivos.

Los amos ordenaron a la población esconderse del monstruo en sus casas.

Encerradas en sus casas, las personas empezaron a recuperar sus instintos otra vez; sonreír, dar las gracias, hablar con la familia, pintar, bailar, cocinar, leer…

En el exterior, se podía ver el azul de cielo y las estrellas brillar, y los animales empezaron a tomar los diferentes lugares.

El lugar empezó a respirar.

 

Después de un tiempo, se encontró la solución para contrarrestar al ejército del monstruo.

En monstruo había desaparecido, pero les había dejado algo bueno; ese nuevo mundo que dejaba atrás los viejos hábitos, para dar paso al respeto y la amabilidad entre las personas y también, con su entorno.

Y colorín colorado, ¿este cuento se ha acabado?

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